Antiguamente la aparición de cualquier forma de erotismo en la publicidad resultaba
inaceptable. Esto era debido a los valores de la sociedad española, que hasta los años setenta estaba fuertemente
asentada en la familia, la religión, etc. refugiándose en la dignidad y la intimidad del ser humano, hombre o
mujer, que siempre debía estar a salvo de su utilización por los publicitarios como objeto de reclamo, como gancho
que ayudase a la venta de un producto por medio de un mensaje. Muchos se preguntaban si el erotismo ayudaba
a vender, porque la utilización del mismo, según la sociedad y la forma de entender las cosas de aquella época no
lo convertían en una publicidad eficaz, acogiéndose a que daría muy poca calidad al producto anunciado, transformándolo
en algo insignificante que no sería de la aceptación del público, llegándose a producir una concordancia
entre el producto que se anunciaba como algo de poco valor. Sin embargo, es posible que algunos mostraran
gran atractivo, se sintieran atraídos en contemplar las imágenes eróticas de un anuncio publicitario, pero lo que no
era tan evidente es que luego rememoraban las particularidades, propiedades y calidades del producto anunciado.
Hace varios años, el uso de sexo en la publicidad era valorado como una novedad efímera que seguía el mismo
método que los países de nuestro entorno. Los analistas y creativos presentaban gran rechazo ante esta idea, ya que
la estimaban como algo indecente y en contra de la ética, aunque hay que resaltar que el público al que se le mostraron
estos mensajes no opinaba lo mismo.
En cuanto a los razonamientos que desarrollaron los analistas para juzgar a la misma, se basaban sobre todo en
la dignidad del hombre, ya que se entendía que la utilización del sexo en la publicidad asignaba al cuerpo humano
estimaciones consumistas y comerciales, dejando al margen el respeto por la persona. En resumen hay que destacar
que existía cierta desconfianza a la utilización del erotismo en la publicidad por creer que iba en contra de los
valores éticos, y que apresuraría la caída de las ventas del producto que anunciasen, ya que dicho producto no tenía
ningún vínculo con el erotismo.
bibliografia
David Chacon Gordillo. 2008. El sexo en la publicidad antiguamente. En EBSCO (20, 403-409) Madrid: Ebsco.
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